Hoy
al llegar a la clase, la profesora previamente nos pidió que pusiéramos las
mesas hacia atrás, ya que necesitábamos suficiente espacio para llevar a cabo
un ejercicio. Mientras lo hacíamos, ella iba colocando distintos papeles los
cuales contenían una poesía cada uno.
Una
vez organizada la clase correctamente, se nos pidió que hubiera un espacio
entre nosotros para no chocarnos. Tras ello, la profesora fue dando
indicaciones junto a una música relajante: cerrar los ojos, imaginar que
tenemos una raíz que nos une con el suelo, comprobar que nuestros pies,
gemelos, abdomen, cuello... no están cargados, y si no estaban relajarnos. Esta
actividad se desarrolló en unos 10 o 15 minutos, que culminó cuando abrimos los
ojos y nos miramos unos a otros.
Seguidamente
la profesora nos dio otra indicación: pasear tranquilamente y en silencio e ir
pasando y leyendo los poemas que considerábamos interesantes.
Después,
la clase se dividió en dos grandes grupos. Cada miembro del grupo tenía que emparejarse
con alguien. En esta actividad, uno de los componentes del grupo cerraba los
ojos mientras que el otro le guiaba hacia el poema que considerara para leérselo
en el oído. Y al contrario.
Finalmente,
expusimos cómo nos habíamos sentido en el desarrollo de la actividad y las
sensaciones respecto a la lectura de los poemas.
REFLEXIÓN
En un principio, la actividad
me resultó familiar ya que en mi etapa de educación secundaria, el profesor de
ética hacia algo similar cada mes. Nos quedábamos sentados, echados sobre la
mesa con los ojos cerrados. Mientras, él, acompañado por una música relajante,
empezaba a guiar nuestro pensamiento, haciéndonos pensar y reflexionar sobre
distintos aspectos de nuestras acciones diarias, maneras de enfrentar ciertas situaciones…
En esta sesión considero que
se han trabajado muchos aspectos. Por una parte, hemos podido sentirnos a
nosotros mismos, haciendo caso omiso a nuestro alrededor, centrándonos en la distribución
de la carga de nuestro cuerpo, intentando relajarlo…
Esta actividad la considero
importante, ya que a pesar de que no hace falta nada más que mi cuerpo para
realizarla, en muy pocas ocasiones la llevo a cabo. Quizás, y lo más probable,
es que sea por el ritmo de vida que llevo actualmente, donde mis ratos libres
los dedico a hablar con la familia y amigos y al uso de las redes sociales,
pero casi nunca me dedico un tiempo de reflexión. Por este motivo, me he
sentido muy bien en el desarrollo de esta parte de la sesión, y sobre todo
relajada, tomando el control de mi cuerpo en todo momento.
Consecuentemente a lo
previamente escrito, me planteo varias cuestiones: ¿hoy en día nos dedicamos
tiempo a nosotros mismos? ¿Mejora la autoestima? ¿Seríamos más felices?
A las preguntas anteriores
considero que el hecho de reflexionar sobre una misma y ser capaz de sacar
conclusiones provoca un aumento de felicidad y autoestima. En mi caso, me
ayudaría a ser consciente de lo que soy capaz de hacer y ser, y poder conocer
lo que me haría falta para alcanzar ciertos objetivos. Si realizara
continuamente esta introspección, quizás me resultaría más fácil enfrentar
distintas situaciones.
Por otra parte, con respecto a
los poemas que fuimos leyendo individualmente al terminar la actividad
anterior, me llamo la atención el ambiente de calma y concentración que se plasmó
en el aula, cuando todos nos desplazábamos leyendo los distintos poemas que
estaban expuestos en la pared. Además, seleccionamos algunos versos que nos llamaron
la atención.
Por último, por parejas, la
profesora nos propuso que una cerrara los ojos mientras la otra le guiaba hacia
un poema y, aun con los ojos cerrados, tenía que leérselo al oído. Este aspecto
me sorprendió bastante, ya que el poema que escuche por medio de mi compañera
no lo interprete y sentí de la misma manera de cuando lo hice individualmente.
En ese momento, mi atención se centraba en escuchar la voz y nada más. Esto permitió
que las emociones también se incrementaran y que sintiera el significado de los
versos de una manera más fuerte.
En definitiva, esta sesión me
ha ayudado a comprender que todo depende de mi estado anímico a la hora de
interpretar ciertas cosas y que de una manera más relajada puedo dar más rienda
suelta a mi pensamiento.
De esta manera, en mi vida
cotidiana considero totalmente necesario ver las cosas positivas de todo lo que
ocurre, porque por muy mal que pueda ser algo, siempre se esconde algo que nos
beneficia. Como menciona Albert Espinosa, “las pérdidas son ganancias”. La
historia de este escritor me impactó, pero sobre todo la manera en la que la
cuenta. Siempre ve lo bonito de la vida, y que por el simple hecho de vivir,
todo merece la alegría. Por este motivo, le considero un modelo de superación
que me ha parecido necesario mencionarlo como conclusión de esta reflexión.