Este día se llevó a cabo de manera diferente,
ya que la profesora nos comunicó que iba que venir alguien a dar la clase.
Resulto ser un colombiano experto en la lectura de cuentos a los niños.
Cuando llego, nos estuvo explicando que había distintas formas de transmitir una historia y que todo dependía de nosotros.
De repente, sacó una maleta muy decorada y comenzó a sacar libros de ella. Nos colocamos alrededor de él para verlo mejor. Nos estuvo enseñando la gran variedad de libros que nos podemos encontrar y nos propuso que por pequeños grupos o parejas escogiéramos uno de esos libros con la finalidad de patrocinarlo. Es decir, tendríamos que intentar crear emoción y ganas por leer el libro, pero de manera atractiva.
Resulto ser un colombiano experto en la lectura de cuentos a los niños.
Cuando llego, nos estuvo explicando que había distintas formas de transmitir una historia y que todo dependía de nosotros.
De repente, sacó una maleta muy decorada y comenzó a sacar libros de ella. Nos colocamos alrededor de él para verlo mejor. Nos estuvo enseñando la gran variedad de libros que nos podemos encontrar y nos propuso que por pequeños grupos o parejas escogiéramos uno de esos libros con la finalidad de patrocinarlo. Es decir, tendríamos que intentar crear emoción y ganas por leer el libro, pero de manera atractiva.
Para finalizar la clase, los mismos grupos o
parejas, debimos inventar una historia pero utilizando esta vez el libro como
herramienta visual. Con el libro íbamos marcando el ritmo de la lectura.
REFLEXIÓN
El hecho de que viniera
alguien a dar una clase especial ya resultó interesante. En primer lugar creía
que iba a ser una charla sin más. Fue todo lo contrario. El colombiano nos
transmitió la confianza necesaria para que continuamente se provocara la
participación de todos nosotros.
En primer lugar, cuando
explicaba las distintas maneras de contar una sola historia me sorprendió, ya
que aunque siempre lo había tenido muy presente, nunca me había parado a pensar
en ello. Esto me abre nuevas posibilidades de creatividad a la hora de querer
transmitir algo a los alumnos y que así resulte más atractivo. Otro aspecto que
me impactó fue que los cuentos e historias tienen más utilidades de las que
siempre nombramos. Además del desarrollo de la imaginación, empatía,
creatividad… también se desarrolla la memoria.
Si es cierto que el interés
que se genera por la lectura de cuentos depende también de la manera en la que
se transmita. Es decir, resulta fundamental que el emisor que cuente la
historia le dé un toque más llamativo y divertido. Para ello considero
aconsejable que es necesario utilizar distintas pautas lingüísticas para dar
emoción y entusiasmo. Ejemplo de ello puede ser cambiar de voces, la
entonación, subir o bajar de tono…
Seguidamente, me pareció
impresionante el juego que se hacía con los elementos gráficos de los libros,
que incluso sin abrirlo, ya transmitía ganas de leerlo. En este caso, recuerdo
un libro que en su portada simulaba una caja de cartón, es decir, totalmente
cuadrada y elementos propios de ésta (código de barras, "frágil",
dirección…). En su interior no se excedía con el contenido lingüístico, ya que
gráficamente se entendía perfectamente lo que se quería decir. Este hecho
también provoca distintas interpretaciones por parte del lector.
Por otra parte, cuando, en grupos,
se nos dio la posibilidad de crear un anuncio para generar interés por el
libro, sentimos dudas, ya que nos tocó el libro de la caja del que he hablado
previamente y no queríamos decir nada del contenido del libro pero a la vez
teníamos que hacerlo para crear interés. Finalmente, concluimos con una
presentación en la que mediante una frase ("En esta caja encontrarás todo
lo que te quieras imaginar").
Además, en la otra actividad nos propuso que
teníamos que utilizar el libro para contar una historia, pero sin leerlo, es
decir, utilizándolo como recurso manual. Esto hizo que me diera cuenta de que
no es fundamental tener un libro para contar algo, es necesario aquello que
sentimos e imaginamos queramos transmitir. No hace falta nada más.
