PRÁCTICA 3 (7/10/2019)



Al comenzar la clase, debido a que la profesora nos debería de haber visto cansados (clase a última hora), nos dio la opción de ponernos de pie para estirar un poco.
Después de ello, nos pidió que cogiéramos un folio y un bolígrafo. Mientras ella ponía música relajante de fondo.
El objetivo que buscaba era llevar a cabo un “hilo de la memoria” (haciendo referencia al nombre de la actividad). Para ello, junto con la música, nos hizo hacer un viaje al pasado para recordar el primer cuento del que nos acordábamos, así como en el contexto en el que se sucedía esa lectura, quien era la persona que nos lo contaba, si fue una lectura propia, el por qué ese cuento y no otro…
Posteriormente, nos pusimos en parejas y lo compartimos con un compañero. Tras ese pequeño debate, cada uno de nosotros tuvimos que elegir una palabra que englobara nuestro sentimiento con respecto a ese momento. Se pusieron todas en la pizarra.
Como tarea, se nos propuso realizar un cuento en común que tuviera presentes las palabras que escogimos ambos miembros de la pareja.


REFLEXIÓN
Esta clase ha sido diferente. Particularmente, no me esperaba que fuera así, esperaba que fuera dirigida a la práctica de reglas que construyen el lenguaje como en la clase anterior, pero en esta ocasión, la sesión fue dedicada a nosotros mismos.
Hoy en día resulta difícil que algo te invada de tu alrededor y solo pienses en ti mismo. En esta práctica, lo logré. Con la música relajante de fondo y la manera en que la profesora guiaba nuestro pensamiento pude olvidarme de casi todo a mi alrededor, solo prestaba atención al papel, al bolígrafo y a mí misma. Indagaba en los recuerdos de mi infancia buscando cuál fue el primer libro que me contaron o que leí. Se me venían muchos recuerdos y sensaciones. Finalmente, opté por elegir uno de ellos para plasmarlo en el papel. En ese viaje al pasado, me encontraba yo junto a mi hermana mayor, ya que dormíamos en la misma habitación. Ella leía en silencio, mientras, yo la miraba.
Mis gestos hacia ella impedían que se concentrara, por lo que ella eligió leer en voz alta para conseguir captar mi atención y que ella pudiera entender lo que leía. Se trataba de un libro que contenía 365 cuentos y ella acostumbraba a leer uno cada noche antes de dormir. A partir de ese momento, se volvió costumbre para mí también el hecho de acompañarla en la lectura cada día.
En definitiva, esta práctica me ha hecho ver que a veces es necesario echar la mirada atrás y ver lo que hoy en día ha provocado que seamos como somos, que nos gustara lo que nos gusta, que rechacemos lo que rechazamos.
Esto sirve para saber qué es lo que queremos transmitir y cómo queremos que se nos recuerde.
¿Me obligaban a leer? ¿Me divertía leer? Esto es a menudo lo que pienso cuando me enfrento a un libro.
En mi etapa como alumna de primaria, recuerdo que existía una biblioteca. Nuestro profesor nos propuso que fuéramos cogiendo libros y cuando acabáramos uno rellenáramos una ficha sobre ese libro en la que había que poner un pequeño resumen y nuestra opinión sobre la lectura realizada. Recuerdo que me motivaba mucho, ya que eran, en su mayoría, libros de aventura y fantasía. Sin embargo, cuando entre en la ESO me costó el hecho de leer, ya que te imponían una serie de libros y luego te puntuaban sobre ello y en ocasiones, me estresaba.
Sin embargo, hoy en día, leo lo que me gusta y lo que me llama la atención, por lo que me divierte leer.
Por estos motivos, cuando en un futuro ejerza de docente, me gustaría tratar la lectura como lo hizo mi profesor de primaria, ya que en mis inicios fue muy favorecedor y lo recuerdo divertido.
Durante la práctica, cuando la profesora nos pidió que describiéramos en una palabra lo que sentíamos con respecto a la actividad, elegí nostalgia. Nostalgia porque eché de menos la inocencia que en ese momento tenía y a las personas que me rodeaban continuamente, con las que a día de hoy me gustaría pasar mucho más tiempo.