Al
llegar a clase la profesora nos numeró a todos del 1 al 5, para que así los que
tuviéramos el mismo número formáramos un grupo determinado.
Posteriormente,
cada grupo tuvo que elegir uno de los papeles que la profesora había colgado en
el tablón. Tras conseguir cada grupo un documento (el cual contenía una serie
de palabras clasificadas según algún criterio), la profesora nos explicó que
deberíamos de averiguar las reglas que regían cada clasificación de esas
palabras, basándonos en las similitudes que encontrábamos en ellas.
Una
vez que teníamos una serie de normas lingüísticas expuestas, un portavoz de
cada grupo las tenía que comunicar con el resto de la clase.
Para concluir, cada grupo tenía que
escoger una regla determinada y hacer una
canción / verso / poema con ella, para así presentarlo de forma
divertida en clase.
Tenemos una visión de nuestra
lengua muy práctica, es decir, el uso continuado de cierto vocabulario hace
que, en ocasiones, nos olvidemos de las reglas con la que primeramente guiamos
nuestro aprendizaje. Con las reglas ortográficas en, algunos casos, nos surgían
muchas dudas en el grupo a la hora de establecer una regla concreta que
incluyera a todas las palabras o la gran mayoría de ellas. Como consecuencia,
al enfrentarnos a ese listado de palabras totalmente aleatorias, nos
encontramos con faltas de herramientas para poder continuar, por lo que hubo
momentos en los que tuvimos que pedir cierta ayuda a la profesora.
De esto aprendo que si a
nosotros nos trajo dificultades con 19 años, los niños y niñas de primaria
(6-12 años) encuentran el vocabulario regido por reglas muy complicado de
aprender y sobre todo de aplicar.
Es necesario que el
aprendizaje de estas pautas sea atractivo para que a los niños y niñas no se
les olvide tan fácilmente. Por este motivo, después tuvimos que escoger una
regla que habíamos escrito y reproducirla de manera dinámica.
Al finalizar la clase me quedé
pensando en algunos métodos de aprendizaje cooperativo para abarcar el uso de
reglas ortográficas. Encontré uno que me pareció interesante y que trabajaba
este aspecto de una manera lúdica, con tintes de diversión y entusiasmo.
En primer lugar, se creaban distintas
tarjetas que por una carilla ponía la regla ortográfica que explicaba la
escritura de la palabra colocada en la otra parte de la tarjeta. Por equipos,
tenían que deletrear la palabra correctamente para así aumentar un número
concreto de casillas en un tablero común a toda la clase. Había casillas de
repaso, pista…
Para esta propuesta, considero
que hay que poner mucho entusiasmo por parte del profesor, para que los niños
aprendan correctamente, teniendo en cuenta también su ritmo de aprendizaje. Por
ello, mi propuesta en mi futuro como docente será añadir una perspectiva más
dinámica en clase en todos los aspectos que sean posibles, aunque eso implique
mayor dedicación y esfuerzo por mi parte, pero será todo lo contrario para 25
alumnos aproximadamente, ya que ellos sentirán que están aprendiendo a jugar, y
de eso se trata, de jugar con las palabras.